Eres las emociones que comunicas

¿Sabemos lo que comunicamos realmente?

¿Sentimos lo que comunicamos?

Las emociones tienen cualidades que se pueden aplicar a la comunicación.

Es muy difícil que nuestro rostro oculte completamente todo atisbo de emoción, apareciendo las denominadas microespresiones (que nos delatan) y que el cerebro es capaz de interpretar, de ahí que nuestro interlocutor/a puede percibir si estamos o no mintiendo.

Muchas veces me he preguntado tras conocer esta información ¿Comunicamos lo que somos, o somos lo que comunicamos?

En muchas conversaciones formales (de trabajo) y en muchas otras conversaciones distendidas he dicho que "Todo es Comunicación".

“Somos lo que comunicamos”..."Comunicamos lo que somos (en ese momento)"

Por suerte o por desgracia (depende de quien lo mire) no somos lo que somos, aunque pensemos lo contrario, sino que somos lo que comunicamos y más concretamente, somos las emociones que comunicamos.   



Ciertamente, si nos paramos a pensar, para el resto del mundo somos todo aquello que comunicamos ser. Entendemos el mundo de un modo muy concreto y personal (particular), de hecho, es muy difícil que el resto de personas entiendan la realidad del mismo modo en el que la entendemos cada uno de nosotros, precisamente, ese modelo de entendimiento, es lo que transmitimos al resto con nuestros comportamientos (actos), nuestras palabras, nuestras pequeñas micro-conductas, con nuestras emociones...

Las emociones son como un virus (en todos los sentidos)

Está científicamente comprobado que las emociones se contagian como un proceso natural, resultante de millones de años de evolución del ser humano.

¿Has escuchado alguna vez que un acontecimiento negativo ha sido más grabe a causa del miedo colectivo o de la histeria colectiva? Pero no solo en los ámbitos negativos las emociones se contagian, también en situaciones positivas, como la epidemia de risa que afectó en Tanganica en 1962.





En muchas ocasiones he comentado que hay que “soltar lastre” de personas negativas, y que no debemos tener miedo de alejarnos (en la medida de nuestras posibilidades) de las personas tóxicas que hay en nuestro entorno, porque la frecuencia de ese contacto puede derivarnos en la imitación inconsciente de sus emociones, sus mensajes y sus actitudes; de ahí que si no nos queda otra que estar en contacto con ellas porque son familiares, compañeros/as de trabajo, etc., y no podemos romper nuestro vínculo, es importante controlar el tiempo que las emociones negativas de esas personas están en contacto con nosotros.

Yo tengo la suerte de un día haber tomado la determinación de quitar de mi vida personas que cuando estaba cerca de ellas era todo negativo. El mundo para ellos/as era triste, malvado, todo en su vida era un complot contra ellos/as…, tras pasar cinco minutos al lado de dichas personas me sentía mal, apagada, apática, hasta me dolía la cabeza de escuchar sus mensajes de “malo, malo, malo” ¿No os ha ocurrido algo parecido? Así que doliéndome mucho, al ver que sus emociones llegaron a invadir en exceso mi vida personal, tomé la determinación de decir Adiós, y empecé a rodearme de personas positivas.

He encontrado pocas, pero son más que suficientes para llenarme de energía positiva que de manera consciente o inconsciente yo también comunico de forma verbal y no verbal a mi entorno. Es un proceso Pigmalión. 

“Nos resulta más fácil identificar los efectos que las emociones de otras personas dejan en nosotros”

Es importante protegerse de quienes son capaces de contagiarnos sus emociones negativas (lo hagan de manera consciente o no), y de compartir más tiempo con quienes irradian emociones positivas. Pero para nada quiero decir que siempre las emociones negativas son dañinas o inútiles para nosotros. Las emociones consideradas negativas, en su justa medida, son también útiles.

Aparte, todos en algún momento de nuestra vida podemos ser transmisores de emociones positivas o negativas (aunque no siempre seamos conscientes de ello). No es malo sentir emociones negativas, lo malo es quedarnos recreándonos en ellas de forma perenne.

Por ejemplo el miedo. Sentir miedo nos ha protegido durante muchisimos años de depredadores, enemigos, o de una situación peligrosa. La ansiedad es necesaria para superar determinadas situaciones adversas, para reaccionar contra ellas para mantenernos en alerta o tensión. La tristeza se pueden utilizar como trampolín para superar una situación. Como he dicho antes, lo malo es quedarnos recreándonos en esas emociones sin saber utilizarlas como revulsivo para obtener una actitud positiva. Para entender esto de manera clara os recomiendo ver la película “Del Revés”

“Tanto las buena vibración como la mala se contagia tan rápido como los virus de un resfriado”
David Goleman 
(Inteligencia social)

Mientras me formaba en presentaciones de alto impacto y en comunicación no verbal, me di cuenta de que la gran mayoría de las personas considerábamos que era fundamental mejorar en nuestra comunicación no verbal, en el tono que usábamos en nuestra comunicación o en el uso de las palabras, pero prácticamente casi ninguno de nosotros caímos en la cuenta de que nuestro estado de ánimo y las emociones que afloren cuando comuniquemos serán determinantes para generar “algo” en la persona que tengamos frente a nosotros.

Y aunque entrábamos el disimulo de una emoción, comprobamos que en ningún caso podíamos llegar a eliminarla por completo; y al final terminaba reflejándose directamente en nuestra comunicación, porque internamente, contamos con una extraordinaria máquina (nuestro cerebro) que nos permite interpretar el significado de dichas emociones.

Por ejemplo, ha habido muchos líderes en la historia que han utilizado las emociones para convencer, para persuadir en su comunicación. Adolf Hitler, Martin Luther King (entre muchos otros) son un ejemplo de grandes comunicadores. Cuando hablaban convencían, y no era sólo por que fuesen buenos oradores (que también) sino por hablar con un sentido y sentimiento, el cual les llevaba a un estado emocional que transmitía a través de la expresión de sus emociones.

Según la RAE, Oratoria es “la Habilidad de hablar con elocuencia, de deleitar, convencer y conmover por medio de la palabra.”. Desde mi opinión, es imposible deleitar, convencer y menos conmover si no somos emoción.

Por tanto...

..."si tiene sentido para nosotros lo que comunicamos, tendrá mayor impacto emocional en nuestros receptores"



Por todo esto si queremos comunicar un mensaje positivo, antes debemos sentir emociones positivas.

Como he comentado antes las microexpresiones son las causantes de que comuniquemos emociones aunque intentemos disimular. Son expresiones faciales (gestos muy sutiles) muy rápidas e involuntarias que se producen como manifestación de una emoción que estamos sintiendo y nos permiten interpretar emociones en la cara de la persona o personas que tenemos en frente.

A día de hoy los científicos han catalogado más de 10.000 expresiones faciales diferentes, siendo identificadas por el momento 7 microexpresiones básicas.

Las 7 microexpresiones básicas están constituidas por: La alegría, la ira, el Miedo, la sorpresa, el desprecio, la tristeza y el asco.

En el siguiente video podréis conocer más sobre las microexpresiones en tan solo tres minutos.




Y respondiendo a la pregunta inicial, ¿Comunicamos lo que somos, o somos lo que comunicamos? en definitiva comunicamos lo que somos, pero esta evidencia hace que, en muchas ocasiones, no nos demos cuenta de que nuestra competencia comunicativa (capacidad de hacer bien el proceso de comunicación) siempre dice mucho más de lo que transmitimos conscientemente. Es nuestra carta de presentación, es el carnet de identidad que nos expone realmente frente a las personas que saben recibir e interpretar lo que emitimos.

Por eso es importante trabajar la competencia comunicativa en dos direcciones: lo que entendemos de la realidad que nos rodea y que nos comunicamos a nosotros mismos, y la realidad que el resto entiende a partir de lo que les comunicamos.

"Tú existes en la medida en la que se lo comunicas al resto" ;-) 



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